Third Diocesan Synod

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La Carta del Obispo

Caminando Juntos en Cristo

2 de Febrero, 2004

 

Queridos Amigos y Amigas en Cristo:

 

Alabando al Altísimo y agradeciéndole por las abundantes gracias y bendiciones que nos ha concedido, como hijos e hijas suyos en Cristo, he decretado que la Diócesis de Sacramento se congregue en un Sínodo Diocesano para orar, dialogar, discernir y deliberar bajo la inspiración del Espíritu Santo. Los Sínodos son la más alta y más sagrada asamblea de la Iglesia Diocesana, y son relativamente raros. Este tercer Sínodo en la historia de nuestra Diócesis está convocado para realizarse el 11 - 13 de Octubre, 2004. El sitio escogido para esta solemne asamblea es la Parroquia de San Isidro, en Yuba City. El Sínodo se desarrollará bajo el tema “Caminando Juntos en Cristo—Journeying Together in Christ.”

 

Nos encontramos ya en la etapa de preparación para esta histórica actualización del pueblo de Dios de la Diócesis de Sacramento, en la cual los representantes del clero, Religiosos y Religiosas y laicos acompañarán a este servidor, el Obispo Diocesano, en solemne consulta, con el fin de discernir el camino que el Señor despliega ante nosotros en los albores del tercer milenio de nuestra vida en Cristo.

 

El Sínodo será una ocasión para nosotros, como pueblo peregrino de Dios de la Iglesia de Sacramento, de reflexionar sobre las abundantes gracias que Dios nos ha concedido desde nuestros comienzos a mediados del siglo diecinueve. Será también ocasión de reconocer y celebrar nuestro aprecio por los hombres y mujeres que, por la gracia de Dios, han estado “a la altura de nuestras montañas” en fe y servicio. En el Sínodo, pediremos al Señor que nos dé la gracia, el discernimiento y la fortaleza para reconocer y responder a las oportunidades de discipulado que se nos presentan en un mundo en constante cambio, y aceptar los desafíos de una Iglesia que siempre necesita renovarse.

 

De conformidad con el Código del Derecho Canónico (cánones 460-468) y la Instrucción sobre Sínodos Diocesanos de la Santa Sede (1997), se ha formado una Comisión de Preparación, cuyos miembros reflejan la diversidad de nuestra gente, que se encarga de la mucha preparación que se requiere para el Sínodo. En ello va incluida la ordenación de las sugerencias de tópicos para el Sínodo y de nombrar los delegados al mismo, que incluyen un varón y una mujer escogidos por cada parroquia de la diócesis. También serán nombrados algunos delegados generales. En total, unos 350 delegados se congregarán en solemne asamblea el 11-13 de Octubre, bajo la llamada e inspiración del Espíritu Santo. Abordaremos amplios tópicos de interés para los Católicos de la Diócesis de Sacramento y desarrollaremos metas y prioridades pastorales que guiarán a la Diócesis por lo menos hasta finalizar la primera década de este nuevo milenio.

 

Aunque hace ya tiempo venimos trabajando en la preparación más inmediata, el anuncio del Sínodo que hice el 30 de Agosto, 2003, fue la secuela de tres años de reflexión, oración, examen propio, y planificación pastoral. Los sacerdotes de la Diócesis articularon conmigo un proceso de planificación pastoral global en el 2001, seguido de un estudio, a finales del 2000, sobre su propio sentir respecto a la vitalidad de la Diócesis y sus necesidades. En Febrero del 2002, se realizó en toda la Diócesis un estudio profesional (conocido por sus siglas en inglés CARA), en el que participaron casi 65,000 feligreses. En el otoño del 2002 y principios del 2003, los párrocos, empleados de las parroquias y dirigentes laicos se reunieron para revisar y analizar los datos del estudio CARA sobre sus propias parroquias, con miras a desarrollar un plan pastoral parroquial y fijar prioridades. En el 2003, los dirigentes parroquiales se reunieron con dirigentes de parroquias colindantes para compartir los resultados de su trabajo, y para identificar puntos de posible colaboración entre las parroquias.

 

A través de todo este proceso, hemos tomado muy en serio las palabras del Papa Juan Pablo II: “Dentro de las coordenadas universales e irrenunciables, es necesario que el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial, como siempre se ha hecho. En las iglesias locales es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas—objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios—que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele a las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura.” (Novo Millennio Ineunte, #29 - Enero 6, 2001)

 

Además de los datos del estudio CARA y la planificación pastoral, en el otoño recién pasado invité a los fieles a presentar sugerencias sobre posibles tópicos para el Sínodo. Recibí 900 sugerencias. Teniendo como base estas sugerencias y los resultados del estudio CARA, la Comisión de Preparación me presentó sus recomendaciones. Sus integrantes han mantenido en cuenta que cualquier tópico “que no esté en armonía con la perenne doctrina de la Iglesia” quedaría excluido de toda discusión en el Sínodo (Instrucción sobre Sínodos Diocesanos de la Santa Sede).

Según recomendaciones de la Comisión de Preparación, y en calidad de Obispo Diocesano, he seleccionado dos temas principales para el Sínodo—áreas de interés donde nuestra fe se vive y se nutre y sobre cómo la fe que hemos recibido es, a su vez, transmitida a los que nos seguirán en la fe: 1) la vida comunitaria en la parroquia y 2) la transmisión de la fe. De este modo, el primer tema principal del Sínodo se concentra en la comunidad parroquial y en vivir la llamada a la santidad. El segundo tema principal del Sínodo incluye siete tópicos que abordaremos durante estos meses restantes de preparación inmediata, así como durante el Sínodo mismo. Para ahondar más, hemos asignado a cada tópico dos interrogantes pertinentes que invitan a la reflexión. Todo el esquema, junto con citas explicativas de la Sagrada Escritura y autoridades de la Iglesia, está escrito más adelante.

 

Como ya expliqué, un Sínodo es la asamblea más alta y más sagrada de la Iglesia Diocesana. La palabra “sínodo” significa, literalmente, congregarse intencionalmente en el camino. En la eclesiología, el concepto de “sínodo” implica congregarse para responder a la llamada del Espíritu Santo, proclamado por el Obispo Diocesano, en una comunión armoniosa de diálogo. Su propósito es promover no solo nuestro bien común como familia diocesana, sino también el bienestar de cada comunidad parroquial, así como los interestes y el bienestar de la Iglesia universal.

 

El Sínodo logra este propósito mediante una discusión amplia y franca que conduce a la preparación de iniciativas pastorales, planes prácticos, y directrices a medida de un apostolado bien ordenado.

Es por la naturaleza misma del Sínodo que el Obispo Diocesano, como presidente de esta asamblea, en virtud de su papel pastoral clave como vínculo de nuestra comunión, participa y colabora activamente en todas las discusiones, deliberaciones, y disposiciones del Sínodo a fin de que al terminar éste, él pueda dar a sus propuestas el alcance pleno de su autoridad como primer pastor de la diócesis.

 

A medida que nos preparamos más intensamente para este tercer Sínodo Diocesano—el primero en 75 años—tomemos con estusiasmo la exhortación del Papa Juan Pablo II: “Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarnó por amor a la humanidad, realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos.” (Novo Millennio Ineunte, #58) Que verdaderamente dispongamos de corazones generosos y ojos aguzados mientras reflexionamos sobre los dos temas del Sínodo y nos acercamos al Sínodo mismo.

 

Pido a todos los fieles de la Diócesis que oren fervientemente por el éxito del Sínodo Diocesano. Nos unimos a los co-patronos de nuestra Diócesis, Nuestra Señora de Guadalupe y San Patricio, para pedirle al Altísimo que bendiga nuestra preparación, que nos guíe en nuestras deliberaciones y que haga prosperar nuestros esfuerzos.

 

Todo esto lo encomendamos al Padre, por Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

Dado en Sacramento, California, en este segundo día del mes de Febrero, 2004, fiesta de la Presenstación del Señor.


WILLIAM K. WEIGAND
Obispo de Sacramento

 

 

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