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Un artista comprometido
Lalo García combina los colores típicos de la alfarería mexicana y la geometría para expresar su fe y su amor a Dios. La Sagrada Familia fue pintada por él con acrílicos y arena de mármol, para dar texturas.

Difundir el arte sacro es una de las misiones
de Lalo García

Por Luis Gris Elizarrarás
El Heraldo Católico

Como todos los niños de La Cieneguita, Lalo García aprendió a dibujar en la escuela primaria. Pero este Michoacano de 53 años de edad nunca imaginó que en Estados Unidos le daría rienda suelta a sus habilidades artísticas y que con sus obras podría alabar a Dios.

Para García, comprobar que la difusión del arte sacro es parte de su misión en la vida, ha sido un proceso largo pero gratificante. El haberle diseñado tanto mitras al mismo Juan Pablo II como el Santuario de la Virgen Morenita en la nueva Catedral de Los Ángeles ha sido la recompensa a su tenacidad y entrega.

Un refugio en el arte

Hace 40 años, cuando García llegó a California en su temprana adolescencia, sólo cinco jóvenes en su escuela hablaban en español. El choque cultural y el nuevo idioma lo impactaron tanto que se refugió en el dibujo para poder desahogar sus sentimientos.

“No podía hablar con nadie así que el dibujo fue mi mejor cobija”, comenta el artista.

Para muchos, el talento de García era obvio. Maestros de artes plásticas de la preparatoria se dieron cuenta de su potencial, pero su padre al ser un trabajador del campo, carecía de dinero para enviarlo a la universidad.

García no tuvo otra alternativa que comenzar a trabajar desde los 19 años. Su primer trabajo fue de rotulista.

El artista también ocupó su tiempo en el baile, otra de sus pasiones. En 1978 funda el grupo folclórico Fiesta Mexicana. Como director y coreógrafo, debió viajar a México para estudiar los bailes tradicionales y acercarse de nuevo al arte y la cultura del país que lo vio nacer.

Por esta misma época García conoció a una chica a quien él llama el amor de su vida. Pero después de 15 años de noviazgo, rompieron relaciones y nunca más volvió a saber de ella.

“Para mí fue el dolor más fuerte de mi vida” asegura el artista. “Pero fue en este momento de dolor que encontré mi misión”.

Con el corazón partido, García regresó a su pueblo natal a los 37 años, a pasar una temporada con sus padres.

Fue allí donde una tarde vio como señoras acarreaban ladrillos a una loma del pueblo.

“Les pregunté a unos hombres que jugaban cartas lo que hacían aquellas mujeres y me enteré que estaban construyendo una capilla”, dice García.

El artista encontró la cura para su corazón y alma ayudando con el arte sacro de la iglesia, donde colaboró en la construcción del altar, los vitrales y toda la decoración de la capilla. El dolor de Dios lo inspiró para comprometerse con su misión.

Revitalizado, el artista regresó tres meses después a California, donde continuó bailando en su grupo folclórico en Los Ángeles.

Sus diseños de trajes le dan reconocimiento como artista. En 1987 le ofrecen trabajar en la compañía diseñadora de arte litúrgico Martines & Murphy y le piden que diseñe varias mitras para Juan Pablo II.

“Fuimos varias manos las que tocaron esa mitra. Podemos decir que nos tocó vestir a un santo”, comenta García. “No pude ver en ese momento lo que significaba para mí el diseño de la mitra para el Papa, pero marcó mi vida porque Juan Pablo II tuvo un gran impacto en el mundo”.

García compara su encuentro con la fama con San Juan Diego, en su intento por agradar a la Niña del cielo.

En un concurso para escoger el diseño del Santuario de la Virgen de Guadalupe en la Nueva Catedral de Los Ángeles, el michoacano vestido de indio azteca fue seleccionado entre múltiples artistas mexicanos y locales y 11 propuestas finales para llevar a cabo la importante obra.

“Yo tuve el honor de ser elegido”, comenta García quien considera que crear esta clase de arte lleva consigo un aspecto místico.

“Amo al cien por ciento lo que hago..... Dios es creador. Él nos da a cada uno la oportunidad de crear también, por ello mis obras quiero que tengan un mensaje de amor y que pueda romper las fronteras del idioma”, puntualiza García.

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