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Quinceañeras, una fiesta que ayuda a darle gracias a Dios
El sueño de la quinceañera Amber King es ser pediatra. Foto: Luis Gris Elizarrarás
Por Luis Gris Elizarrarás
El Heraldo Católico

La fiesta de la quinceañera trae la ilusión a las señoritas hispanas. Unas sueñan desde niñas con ese día tan especial, otras siguen el sueño de sus mamás y otras creen que no tiene mucho sentido.

Amber King, mexicoamericana, soñaba con esta fiesta desde que tenía 11 años.

“Al entrar a la casa de mi abuelita vi el cuadro de una quinceañera y desde entonces me ilusioné en llegar a cumplir mis quince años”, dice King.

Durante ese año, a una prima que vivía en México le detectaron cáncer en los huesos. Los doctores no dieron esperanzas y la niña pidió un último deseo. Que le celebraran sus quince años.

“Yo después pude ver su fiesta gracias a una película que nos enviaron. Eso me impactó mucho en mi vida”, comenta King.

King viviá con su papá y el año pasado, al visitar a su mamá, se enteró que para su quinceañera debería hacer antes de su primera comunión. “La inscribí en la catequesis y solo ocho días antes de su fiesta recibió su primera comunión”, comenta Isabel Aguirre, mamá de King.

Aguirre cuenta que en su natal Veracruz, México, su familia era tan pobre que únicamente le hicieron una misa y una comida en su casa. “Sólo asistieron como unas ocho amigas y esa fue toda mi fiesta de quince años”, expresa Aguirre.

King por su parte tuvo una fiesta en un salón con las mesas decoradas a la que asistieron más de 200 personas, chambelanes

y un vestido elegante.

Aguirre puntualiza que su hija se merecía su fiesta porque obtiene calificaciones de A y B. Además quiere ser pediatra y dice que no va a desistir hasta obtener su meta. “La educación es lo más importante para mi hija”, comenta la madre.

Más allá del costo

Como es inevitable que muchas familias estén dispuestas a sacrificarse económicamente para celebrar los quince años de sus hijas, algunos representantes de la iglesia buscan en la celebración una oportunidad para llegarle a los jóvenes de una manera poco convencional.

Elizabeth Labrado, coordinadora de las pláticas para quinceañeras en San Pedro y Todas las Almas en Sacramento, aclara que esta fiesta es de vital importancia para la comunidad latina, pero necesita mucha atención pastoral.

“La quinceañera va a dar gracias a Dios en ese día tan especial, y además va a renovar sus promesas bautismales”, dice Labrado.

En las promesas bautismales, la quinceañera renuncia a todas las obras de satanás y afirma que cree en la Santísima Trinidad, la Iglesia, la comunión de los santos y la resurrección.

Es por esto que, según Labrado, el festejo de la quinceañera debe reflejar la alegría de la señorita, pero también el compromiso de vivir bajo el ejemplo de Jesús.

En ocasiones algunos padres le cometan a Labrado que “no se imaginaban que esta celebración exija preparación en la fe, no solo de la festejada sino de la familia”.

Las parroquias de San Pedro y Todas las Almas llevan un año con estas preparaciones, las cuales se imparten en dos sesiones e incluyen temas sobre la abstinencia sexual, la moralidad en la familia y la sociedad, los sacramentos, y el ejemplo de vida de la Virgen María.

La preparación que reciben va poniendo una semilla en las jovencitas, Elizabeth Ramos, quien celebró en agosto su fiesta, dice que antes de las pláticas lo que más le preocupaba era que los chambelanes no la dejaran caer durante el vals.

Después de su fiesta comentó que le dio otro sentido a sus quince años. Le gustó que a la misa llegaron sus familiares y el momento que más le impactó fue cuando le dio su ramo de flores a la Virgen María. “Fue un momento muy bonito para mi”, recuerda.

Enfrentando los caprichos

Sin embargo, la preocupación de varias mamás como Gabriela Ramos, madre de Elizabeth, es que muchas jovencitas exigen muchos detalles costosos como el rentar limusina, vestidos caros y no se concentran en darle gracias a Dios.

A ella y a sus siete hermanas les festejaron su quinceañera de una forma muy sencilla, por ello le dieron gracias a Dios y sus padres por tan “hermoso detalle que lo sigo recordando y por eso quise que mi hija tuviera una experiencia similar”, asegura.

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