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Madre
arriesga

su vida para salvar
a su bebé

Para Betty Gutiérrez y Víctor Luna el día de su boda fue uno de los momentos más felices ya que pudieron darle gracias a Dios bautizando a su hija Steffany. Foto: Luis Gris Elizarrarás

Doctores le sugirieron que abortara para poder removerle un tumor

Por Luis Gris Elizarrarás
El Heraldo Católico

Cuando Betty Gutiérrez vestía a su hija Steffany con su ropa de bautizo, poco antes de la ceremonia religiosa, en su mente pasaron muchos recuerdos de su embarazo. El más fuerte de ellos era “el hecho de pensar que mi hija era un verdadero milagro de Dios”.

Gutiérrez también recordó cómo hace año y medio, al practicar unos ejercicios de yoga comenzó a tener un dolor en el vientre. Como muchas personas, no le prestó atención y continúo su vida cotidiana. Cuando el dolor se hizo más intenso, decidió visitar al doctor, quien después de varios exámenes, le confirmó que tenía un un tumor del tamaño de una pelota de béisbol.

La noticia fue devastadora para Gutiérrez, quien tenía pocas semanas de embarazo.

Aunque los doctores no sabían si el tumor era maligno, no querían tomar ningún riesgo. Le explicaron que debía sacrificar su embarazo o de lo contrario su vida corría peligro si no le removían un ovario, donde se alojaba el tumor.

“En ese momento sentí que tenía que defender a mi bebe, con mi vida, si era necesario”, señala Gutiérrez, quien creció experimentando violencia doméstica en su hogar, cuando su padrastro maltrataba a su madre, y había considerado no casarse o formar una familia propia. En uno de los retiros espirituales a los que aistió en busca de respuestas, sintió un calor en su vientre. Semanas después, cuando regresó al hospital para que le removieran el tumor, le avisaron que no era maligno.

Decisión peligrosa

“Yo sabía que era un milagro”, asegura Gutiérrez. Pero aúnque el tumor era benigno, los médicos insistían en que lo tenían que extraer y la propuesta del aborto seguía en pie. Días antes de la cirugía, el doctor habló con Víctor Luna, esposo de Gutiérrez, y varios familiares de su esposa.

Angustiado por la idea de perder a su esposa, Luna afirma que se dejó llevar mucho por los doctores.

“Yo le decía a mi esposa que en el futuro podíamos tener más hijos”, dijo Luna. “El doctor nos expuso que si abortaba, la operación era mucho menos riesgosa, de lo contrario las dos podrían morir”.

La que cambió el rumbo de la decisión del aborto fue una doctora hispana especialista en cáncer, quien afirmó un día antes de la cirugía que se podía realizar sin poner en riesgo al feto, quien para entonces tenía tres meses.

“Me sentí muy tranquila después de escuchar a la doctora”, comenta Gutiérrez, quien fue advertida que aunque la operación se efectuó sin inconvenientes, su bebé podría nacer con algún tipo de defecto motriz o mental.

Desde su nacimiento, la bebé ha estado en observación rigurosa, y para sorpresa de las trabajadoras sociales, su desarrollo ha sido normal. Hasta su tamaño es más grande que el promedio.

En la actualidad Steffany es una niña alegre y juguetona. Este verano sus padres decidieron casarse el día de su bautizo. Gutiérrez asegura que su gozo fue doble por el sacramento del matrimonio y por el milagro de Dios de darle tener una hija sana.

Gutiérrez dice no entender cómo algunas madres son capaces de realizarse un aborto. Ella cree que la mujer debe tener los mismo derechos que lo hombres, pero ve el aborto como un acto cruel en contra de la vida.

Procesión pro-vida

El 28 de diciembre Gutiérrez, su esposo y la pequeña Steffany, participarán en la marcha pro-vida que se iniciará en las escalinatas del Capitolio Estatal y que concluirá en la Catedral del Santísimo Sacramento. La hora de la marcha está por determinarse. Para más información llame a la Catedral al (916) 444-3071.

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