| Concluye primer paso para beatificación del obispo Gallegos | ![]() |
| Al final de la ceremonia de clausura por la causa de beatificación del obispo Alfonso Gallegos, el 5 de noviembre en al Catedral del Santísimo, decenas de personas tocan y se bendicen frente al cuadro del Obispo. Foto Luis Gris Elizarrarás. | |
Muchas personas afirman que “el Obispo del Barrio”
Por Luis Gris Elizarrarás Su entrega incondicional hacia los campesinos, jóvenes pandilleros y el pueblo hispano en general caracterizó el ministerio del obispo Alfonso Gallegos. El 5 de noviembre, en la Catedral del Santísimo Sacramento, se cerró el proceso diocesano de beatificación del obispo Gallegos, conocido por su lema episcolal “Ámense los unos a los otros”, con una misa solemne precedida por el obispo William K. Weigand y concelebrada por el obispo Ricardo García en compañía de más de una decena de sacerdotes. Durante la clausura de la ceremonia se sellaron tres cajas que contenían los documentos oficiales y los testimonios de 129 personas que justifican el proceso de beatificación del obispo. Todo se envió a Roma para ser estudiado. Nadie sabe cuanto tardarán las autoridades del Vaticano en determinar si el obispo puede llegar a ser beato, que es el primer paso para la santificación. La gente que lo conoció afirma que vivió con un espíritu de santidad. A la muerte del Obispo sus hermanos de congregación, los sacerdotes Agustinos Recoletos, iniciaron el proyecto para la elaboración de su biografía. “La gente hablaba del obispo Gallegos como si todavía estuviera vivo. Daban sus testimonios con muchos detalles y hubo quienes hasta lloraban”, comparte el padre Eliseo González, O.A.R, encargado del proceso de investigación de la beatificación. El proyecto lo realizó el padre John Oldfield, O.A.R, autor del libro recién publicado “El Obispo del Barrio”. Al final de sus investigaciones se inquietó la comunidad religiosa a abrir la causa de beatificación para su hermano Obispo. La gente que lo conoció sabía que el Obispo fue un cristiano ejemplar. Guadalupe Maldonado, feligrés de la parroquia de San Carlos Borromeo, recuerda que la primera vez que platicaron con él fue cuando llegó de manera accidental a la joyería de su esposo. “Nos dio mucho gusto verlo. Tiempo después volvió a venir al negocio, pero está vez le pidió a mi esposo si le podía hacer un crucifico y un anillo porque lo habían nombrado obispo auxiliar de Sacramento”, comparte Maldonado. Este fue el inicio de una larga amistad que mantuvo ésta familia con el obispo Gallegos. Por su parte Luis Maldonado dice que el daño en la vista del obispo era muy severa y que en varias ocasiones lo vio golpearse la cabeza y caerse en la calle. En un viaje a Roma, “yo siempre iba delante de él avisándole en voz baja si habían escalones o íbamos a cruzar una calle”, cuenta el señor Maldonado. Conmovedora historia El obispo Gallegos nació en Alburquerque, Nuevo México, el 20 de febrero de 1931. Sus antepasados llegaron de Galicia, España, y se establecieron al sur de los Estados Unidos cuando esas tierras todavía pertenecían a México. Desde su niñez padeció de miopía severa y a la edad de 16 años fue sometido a dos cirugías. Antes de la operación tenía que pegarse a los libros tan cerca como dos pulgadas, y después gracias a la operación leía ya a 10 pulgadas de distancia. Su enfermedad de la vista fue siempre un impedimento que veían sus superiores, maestros y compañeros de estudio, porque decían no estar seguros de su aprovechamiento académico. Él probó que esto no era un obstáculo, ya que fue ordenado sacerdote el 24 de mayo de 1958. Para sorpresa de muchos, años más tarde terminó una licenciatura y una maestría en psicología y una segunda maestría en estudios religiosos y pedagogía. Otro aspecto que llamó la atención de su biógrafo fue que la gente le mandó hacer una estatua al Obispo. “Solamente una persona muy querida por el pueblo es digno de tan importante detalle”, dice el padre Oldfield. Detrás de esta estatua está el trabajo intenso que realizó “el Obispo del Barrio” para mejorar la vida de su comunidad hispana. Antes de ser nombrado obispo auxiliar, en 1978 se convirtió en el primer Director de los Asuntos Hispanos de la Conferencia Católica de California. Desde ese puesto pudo luchar por los más pobres y fue la “Voz de los sin voz”. El tema de la inmigración fue una de sus prioridades, así como el de la defensa de la vida en todas sus manifestaciones, y nunca se olvidó de pedir por mejores condiciones laborales de sus hermanos campesinos. Fue entonces cuando conoció a César Chávez, ya que el obispo fue párroco del Santuario de Guadalupe, Sacramento, lugar de múltiples reuniones a favor del campesinado. También su imán hacia los jóvenes se debía a su entrega incondicional. “El Obispo llevó el evangelio a las afueras de su parroquia”, dice Humberto González, uno de los testigos que fue entrevistado para la beatificación. Los viernes por la tarde se reunía con los low-riders, jóvenes latinos aficionados a tener carros pintados artísticamente, a los cuales les adaptan amortiguadores de aire a sus chasis para que salten. “Les bendecía sus carros y los invitaba a ir a misa”, dice Gonzáles. Además siempre motivaba a los jóvenes a terminar sus estudios. “Los muchachos vieron en el un modelo a seguir”. Guadalupe Maldonado cuenta que en una ocasión invitó al Obispo a visitar a un joven que había sido baleado y que estaba en silla de ruedas. Maldonado comparte que “al principio el joven no quería hablar con nadie y menos que le hablaran de Dios. Yo le advertí eso al Obispo”. Cuando llegaron a la casa del joven, ya se encontraba en el patio. Al final de una larga conversación se observó en el rostro del joven una gran alegría. “El Obispo le dijo que aunque estuviera en una silla podía pensar en realizar buenas acciones y leer buenos libros”, comenta Maldonado. Por su parte Rosa Piña, cocinera del Santuario de Guadalupe, dice que ella cree que el Obispo ya es un santo. “Siempre fue humilde con los pobres y los ricos. Nunca tenía una mala mirada para nadie”. Ella recibió la ayuda del Obispo cuando le retuvieron sus beneficios de salud. “El Obispo sabía que tenía cáncer y siempre me dijo que no me preocupara”, afirma Piña. Lo que le sorprende a su biógrafo es que “el Obispo del Barrio” siempre tenía tiempo para todos. Su agenda de trabajo estaba saturada, pero con todo y eso se daba un tiempo para convivir con la gente. El 6 de octubre de 1991después de haber atendido unas confirmaciones en Gridley, al no rte de la diócesis, la gente le pedía que se quedará, pero como tenía muchas actividades decidió que su chofer lo llevara de regreso a Sacramento. El carro tuvo una falla eléctrica que lo dejó totalmente sin luces y parado en medio de la carretera. Su instinto de colaboración hizo que se bajara a ayudar a empujar. Minutos después el Obispo fue impactado por un auto que le quitó la vida. El 11 de octubre más de 2,000 personas “acompañaron a darle el último adiós a nuestro hermano Alfonso Gallegos. Nunca en la historia de Sacramento se había visto tanta gente reunida en un sepelio como en esta ocasión”, dice el padre Oldfield. En la misa de clausura del proceso de beatificación la gente también lloró. Cuando el coro interpretó la canción Amigo de Roberto Carlos con la que identificaron al Obispo. En Roma consideran la vida ejemplar y los milagros de las personas que por su intercesión se realicen, pero lo más importante “es saber que es lo que la gente dice de ellos. Con el obispo Gallegos sucedió lo mismo que con Juan Pablo II. La gente inmediatamente después de su muerte comenzaban a decir que era un santo”, dijo el padre Oldfiels. |
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