| Del
gas lacrimógeno al incienso |
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| Desde la marcha histórica de los oaxaqueños al centro de la ciudad de México en octubre, se indicó que la solución al problema es convocar a elecciones o que salga el gobernador Ulises Ruiz Ortiz. Foto: Luis Gris Elizarrarás | |
Una reflexión sobre Oaxaca Por Steve Hicken A principios de noviembre, el Día de los Muertos, asistí a una misa celebrada en Oaxaca, México, para conmemorar la muerte de 17 ciudadanos asesinados durante los cinco meses recientes de movilización cívica. Éramos un pequeño grupo de 20 personas cuando mencionamos públicamente frente al templo de Santo Domingo los nombres de los caídos. Al final de la misa ya éramos más de 300. Durante la celebración eucarística, dos mujeres mantuvieron un par de “copaleros” encendidos al pie del altar. Los copaleros son vasijas de barro utilizadas para quemar incienso, copal. El humo del incienso es denso, dulce y aromático. Al mirar el humo del incienso recordé que en ese preciso momento cientos de elementos de la Policía Federal Preventiva lanzaban gases lacrimógenos sobre la multitud de ciudadanos reunidos en la Universidad de Oaxaca, localizada a 2 millas de Santo Domingo. La Policía Federal había forzado a los rebeldes a desocupar varios sitios de la ciudad que tenían tomados y a replegarse hacia los recintos universitarios. En mi oración me preguntaba qué se requeriría en Oaxaca para convertir el gas lacrimógeno en incienso. ¿Qué ha causado tanto descontento en Oaxaca? A fines del 2004, Ulises Ruiz Ortiz, del Partido Revolucionario Institucional, asumió el Gobierno de Oaxaca luego de una elección fuertemente impugnada. Muchos, quizá la mayoría, creen que en realidad él perdió la elección, pero su partido lo impuso fraudulentamente mediante presiones a nivel federal. Desde entonces, yo he sido testigo de múltiples abusos de autoridad, como los siguientes: • Inmediatamente después de asumir el poder, el gobernador cerró ilegalmente el periódico Noticias, lo cual fue denunciado nacional e internacionalmente. ¿Qué sucedió? ¡Nada! Este 12 de noviembre pasé por las oficinas de Noticias y todavía siguen clausuradas. • Como respuesta a una serie de “remodelaciones” del centro histórico de Oaxaca, que estaban destruyendo el patrimonio cultural de esa ciudad colonial protegida por la UNESCO, muchos ciudadanos salieron a protestar, obteniendo como única respuesta la represión por parte de las autoridades. • En mayo de este año el poderoso sindicato de maestros del estado se fue a huelga para exigir mejores salarios y condiciones de trabajo. El gobernador ni siquiera les respondió, y los maestros iniciaron un “plantón” (toma permanente de las calles y plazas) en el centro de la ciudad. El 14 de junio el gobernador ordenó a unos 1,000 efectivos de la policía desalojar el plantón. La fuerza pública inició el desalojo a las 4 a.m. y lo logró parcialmente, hasta que los manifestantes se reagruparon, contraatacaron, recuperaron el zócalo y restablecieron su plantón. Esta acción policíaca provocó que cientos de miles de ciudadanos comunes —grupos campesinos, estudiantes, asociaciones, grupos culturales, organizaciones de servicio social— se unieran los maestros para exigir la renuncia del gobernador Ulises Ruiz. Esta coalición se denominó Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y desde entonces ha servido para organizar la resistencia ciudadana. Hasta este momento, 17 personas de la APPO y simpatizantes han sido asesinados por la policía y los grupos paramilitares apoyados por el gobierno estatal, mientras el gobernador sigue proclamando que jamás renunciará. La Policía Federal ingresó a Oaxaca a fines de octubre y desalojó a los maestros y miembros de la APPO del centro de la ciudad. Desde el inicio de este conflicto, un grupo de sacerdotes de la Arquidiócesis de Oaxaca han asumido un papel activo en la defensa de los pobres, denunciando los abusos y convocando a una solución no-violenta. El Arzobispo José Luis Chávez-Botello ha declarado que la Iglesia no tomará partido en este conflicto, pero ha ofrecido sus instalaciones para las negociaciones hacia una solución pacífica del conflicto. Jesús no era indiferente a la opresión de los débiles por los poderosos, y dedicó su ministerio público al cumplimiento de la tradición religiosa judía. De la Ley a los Profetas, de Moisés a Salomón, de Adán a David Dios clama: “¡Ayuden a los pobres! ¡Traten a todos como familia! ¡Defiendan la sacralidad de la vida! ¡Hablen con la verdad! ¡Los poderosos deben guiarse por los principios del amor y el servicio!” La esperanza proclamada en la Resurrección de Jesús sostiene a las mujeres y hombres de Oaxaca en su lucha por alcanzar la justicia para sus hijos y sus familias. (Steve Hicken ha sido misionero laico Maryknoll durante 25 años, trabajando en Venezuela, Nueva York y California. Cuando vivía en Castro Valley, participó en el movimiento Renew de la Diócesis de Oakland y en las Pequeñas Comunidades de Fe, así como en las parroquias de Nuestra Señora de la Gracia y de La Transfiguración. Ha trabajado en Oaxaca desde mediados del 2004, en una organización mexicana dedicada a promover los derechos humanos y el desarrollo económico de los indígenas del estado de Oaxaca. Se le puede contactar en steve@hickens.com) |
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