| La Tarahumara sufre inundaciones después de años de sequía | ![]() |
| Para los niños y jóvenes de Tarahumara no hay futuro. La sierra enfrenta problemas de narcotráfico y deforestación y las autoridades no hacen lo suficiente para terminar con estos conflictos. Además en esa zona tan extensa no hay preparatorias ni universidades que atiendan a estas comunidades rarámuris. Después de la secundaria la única alternativa es trabajar en el campo. Foto: Luis Gris Elizarrarás | |
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Los indígenas tarahumaras o rarámuris pierden cosechas por excesivas lluvias Por Luis Gris Elizarrarás El primer día de clases para los estudiantes de la Misión Bawinokachi en la Sierra Tarahumara en el estado de Chihuahua, México, fue diferente a lo que la mayoría de los estudiantes acostumbran. Los niños de esa primaría tuvieron un día de campo y nadaron en un estanque natural. Era la primera vez que indígenas rarámuris veían ven caer tantas lluvias. Esta ha sido la temporada de lluvias más intensa en los últimos 15 años para el estado de Chihuahua. En contraste, en los años más graves de sequía, niños murieron de deshidratación. Perdida de siembras Las
intensas lluvias en el estado de Chihuahua, México, trajeron
pérdidas de cosechas en la sierra Tarahumara y el fío
del invierno agudizaron el problema.. Los recientes e intensos aguaceros, sin embargo, dañaron las cosechas de maíz. “Es triste ver cómo estos pueblos rarámuris han sufrido por tantos años de sequía” y este año han perdido sus cosechas, dice la originaria de Chihuaha Martha Duarte, en su sexta visita a la sierra Tarahuamara. La integrante en la diócesis de Oakland visitó la sierra en representación de la fundación LACA (Asistencia a las Comunidades de Latinoamérica, por sus siglas en inglés.) “El maíz requiere de condiciones óptimas de agua para crecer, de lo contrario no se da o se pudre la milpa”, explicó el padre Eduardo Quintal, S.J., párroco de San Miguel, Wawachiki sobre los estragos causados por el exceso de agua. La siembra permaneció inundada por varios días y la dañó. Las altas temperaturas también afectaron las los cultivos. Luego el frio del invierno, el más intenso en todo México, quemó el poco maíz que quedaba. Ahora los rarámuris tienen que depender de donaciones. “Nosotros entre las familias nos compartimos el poco maíz que recogímos, por eso dependeremos mucho de la ayuda del gobierno”, dijo Manuel Domínguez, gobernador de Bawinokachi, afligido por el poco maís que podrán recuperar. Se extiende una mano
El padre Eduardo Quinta, S.J., junto con una docena de feligreses de la comunidad Wawachiki, descargan un suministro de alimentos que fueron donados por la fundación LACA de Oakalnd. Foto: Luis Gris Elizarrarás Motivados por estas y otras necesidades los integrantes de LACA recolectan fondos durante el año para ayudar a comunidades de México, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Panamá. En está visita LACA donó 6,200 dólares que incluyó un aporte de la Asociación Guadalupana, de la parroquia de Nuestra Señora de la Gracia, Castro Valley. La fundación para hacer rendir mejor los donativos compra en Chihuahua enseres de primera necesidad como aceite, fríjol, arroz, maíz, ente otros, y los entrega en sacos a la comunidad que los padres jesuitas designan. “Nosotros queremos llevar las despensas de alimentos directamente a las comunidades. Lo hacemos para que haya transparencia y así seguir aportando nuestro granito de arena cada año a esta parte de México”, comenta Duarte. Sin embargo en esta ocasión fue la excepción. Como si fuera poco, las intensas lluvias dañaron los caminos de acceso a las comunidades designadas y se optó por dejar las 130 despensas en la comunidad de San Miguel, donde el padre Quintal es párroco. El jesuita, junto con jóvenes voluntarios, llevaron las donaciones en camionetas a dos comunidades. En una usaron animales de carga para llegar las provisiones. Se unen para sobrevivir Antes de repartir los víveres, los gobernadores de las comunidades pidieron a las familias beneficiadas su colaboración en la reparación de los caminos afectados. “Para los rarámuris el compartir y ayudarse es parte de su cultura. Ellos saben que todo lo que tienen es para quien lo necesita”, dice el padre Quintal. “Por eso cuando alguien está enfermo o sin un plato de comida, encuentra ayuda en la comunidad”. Desde su llegada a estas comunidades, los jesuitas notaron que los rarámuris son expresivao, pero la solidaridad que los caracteriza entre ellos va muy acorde con la vida entregada que pide Jesucristo. Auxilio Jesuita Los padres Jesuitas han servido a las comunidades indígenas de ese estado desde 1608. Hoy con más de 400 años de misión, los Jesuitas siguen denunciando las carencias e injusticias por las que atraviesan estos pueblos milenarios. “Nadie se imagina cómo estos pueblos han sobrevivido por más de tres miles de años en las condiciones más extremas. Sin agua, bajas temperaturas y nieve durante el invierno y muy poca comida”, dice el padre Quintal. El presbítero está convencido que estos pueblos seguirán existiendo porque se aferran a la vida a pesar que otros pueblos no los quieren. Algunos ancianos rarámuris cuentan que sus antepasados vivían en las planicies, hasta que llegó el hombre blanco y el mestizo y los desplazó a las orillas. Después les comenzaron a talar sus bosques y huyeron a la sierra. “Ni de allí se pudieron librar porque la tala de árboles continúa”, dice el padre Quintal. Retos por doquier La deforestación en la sierra Tarahumara agrava cada año el ecosistema. Los venados, característicos en esta zona, se están extinguiendo. Foto: Francisca Cortes Soriano En la actualidad el trabajo de los jesuitas en la Tarahumara sigue siendo el llevar la Buena Nueva; a pesar de esto los problemas de los rarámuris son un reto cotidiano. Existe el robo de tierras, deforestación de sus bosques y el narcotráfico. La pobreza ha obligado a los rarámuris a salir de tarahumara y emigrar a las ciudades grandes. “Al regresar llegan maleados y comienzan los problemas en las comunidades”, expresa el padre Quintal. “Por eso estos pueblos milenarios nos siguen demostrando que la modernidad no siempre es signo de avance”, comenta el padre. Manteniendo su cultura
Una alternativa para los rarámuris es la venta de artesanías en zonas turísticas. Algunos tienen que caminar días para llegar a estos lugares. Foto: Luis Gris Elizarrarás Este año los jesuitas pidieron telas de colores vivos, además de provisiones adicionales. Las telas son para la confección de trajes para sus bailes, como el tradicional de los Matachines, el cual fue traído de Italia por los primeros misioneros jesuitas. Dentro de la cultura rarámuri el baile es fundamental. Antes de las misas acostumbran tener el baile de los matachines, en el cual se forman dos filas que danzan al compás de violines y tambores. La danza es la forma que utilizan los indígenas para ahuyentar el demonio. Tienen la creencia de que entre más fuerte dancen, más lejos se retirará la maldad. Por desgracia la falta de atuendos ha provocado que la gente de estos pueblos vayan perdiendo sus tradiciones. Duarte envió a su regreso a California un donativo de LACA para la compra de las telas. Becas a estudiantes Otro proyecto que realiza LACA es dar becas a estudiantes que estudian en área de la salud. Un ejemplo es el caso de Cristina Gardea, una joven rarámuri, quien cursa el segundo año de enfermería en una universidad en la ciudad de Chihuahua. Al término de su carrera, Gardea regresará a servir a su comunidad y a capacitar a promotoras de salud. “Me siento con la responsabilidad de ayudar a los rarámuris promoviendo la educación, haciendo que mantengan sus costumbres y que tengan alimentos por algunas semanas”, puntualiza Duarte.
Los indígenas rarámuris siguen viviendo en cuevas donde soportan las nevadas del invierno. Foto:Francisca Cortes Soriano |
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