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El obispo Jaime Soto nombrado coadjutor de Sacramento
El obispo Jaime Soto habla junto al obispo William K. Weigand durante la conferencia de prensa del 11 de octubre a las afueras de la Catedral del Santísimo Sacramento, después que el Papa Benedicto XVI nombrara al Obispo Auxiliar de Orange, coadjutor de la Diócesis de Sacramento.
Foto: Luis Gris Elizarrarás

El recién nombrado futuro sucesor del obispo Weigand viene de la Diócesis de Orange

Por Julie Sly
Editora de The Herald

Ha desempeñado su ministerio durante los últimos 25 años en el Condado de Orange —primero como sacerdote y después como vicario de la comunidad hispana— en Caridades Católicas y como Obispo Auxiliar.

Así que cuando el recién nombrado Obispo Coadjutor de Sacramento se mueva al norte de California a mediados de noviembre, enfrentará una aguda curva de aprendizaje, por lo que dice que su primera tarea será recorrer grandes distancias y conocer lo que motiva a la gente de la diócesis.

El obispo coadjutor Jaime Soto, nombrado por el Papa Benedicto XVI el pasado 11 de octubre, compartirá responsabilidades administrativas con el Obispo William K. Weigand.

Como Coadjutor, el obispo Soto, de 51 años, sucederá automáticamente al obispo Weigand a su retiro o en caso de muerte. En los pasados siete años ha servido como Obispo Auxiliar de Orange y es uno de los 25 Obispos hispanos activos en Estados Unidos.

Desde enero, cuando el entonces obispo auxiliar Ricardo J. García fue instalado como obispo de la Diócesis de Monterey, el Obispo Weigand ha continuado desempeñando solo las responsabilidades de su ministerio, viajando y sirviendo a las 103 parroquias de la diócesis, que abarca 42,000 millas cuadradas, desde la Bahía de San Francisco hasta la frontera con Oregon.

En una declaración escrita, el obispo Weigand le hizo saber a su nuevo coadjutor que cuenta con “las oraciones de toda nuestra gente”. Dijo que se siente complacido de recibir ayuda en el cuidado pastoral de “esta vasta diócesis de 20 condados”.

El obispo Soto “es bien conocido por su cuidado y preocupación hacia la gente”, dijo el obispo. “Espero verlo sirviendo pronto a mi lado y al lado de muchos dedicados sacerdotes, religiosos y laicos aquí en el norte de California”.

En conferencia de prensa en la plaza frente a la Catedral del Santísimo Sacramento en el centro de la ciudad, el obispo Wiegand añadió: “He observado el trabajo del obispo Soto en todo el estado, nos hemos hecho buenos amigos y es una persona muy talentosa. En los meses recientes he venido haciendo el trabajo de dos obispos, así que se pueden imaginar lo aliviado que me siento”.

El obispo Weigand, quien tiene 70 años y tuvo un transplante de hígado en el 2005, dijo que no tenía “planes inmediatos de retirarse”. Puede continuar como Obispo hasta que cumpla 75 años, a menos que decida retirarse antes.

En sus declaraciones, en inglés y en español, el obispo Soto dijo que a lo largo de los años ha admirado el trabajo del obispo Weigand y el “amplio ministerio pastoral” de su diócesis.

“Vengo a acompañar al obispo Weigand en la privilegiada tarea de servir pastoralmente a esta dinámica comunidad católica”.

A los reporteros les dijo que espera con ansia conocer a los fieles laicos, religiosos y clérigos de toda la diócesis, la cual tiene una población católica de más de 550,000 personas.

“Haré lo que pueda por aprenderme los caminos y llegar a las comunidades parroquiales”, dijo. “Me interesa salir a las escuelas y conocer a los jóvenes…Para no extraviarme buscaré en el mercado un sistema GPS”.

El obispo Soto, nieto de inmigrantes mexicanos, creció en Stanton, Condado de Orange, y es conocido particularmente por su participación en favor de los inmigrantes y la reforma migratoria durante sus más de dos décadas de trabajo en Caridades Católicas. Dijo que continuará defendiendo a las personas marginadas en el estado y en el país. En una entrevista para The Herald en su segundo día de su visita a la diócesis, comentó que es el mayor de siete hermanos y creció en una familia tradicional católica mexico-americana.

“Solo nos juntábamos con nuestra familia o con feligreses de la misma parroquia”, dijo. “Fue en este tipo de ambiente que surgió mi vocación al sacerdocio. Yo sabía que quería ser sacerdote desde el segundo grado”.

Aprendió español hasta después de su ordenación sacerdotal, para ayudar en el ministerio con la comunidad hispana.

“No aprendí español en mi infancia”, dijo. “Mis papás habían vivido la experiencia de la discriminación, así que cuando éramos chicos tomaron la decisión de hablarnos inglés a nosotros y hablar español entre ellos. Así que mis hermanos y yo desarrollamos un buen oído para el español”.

Dado que los latinos constituyen entre el 45 y el 50 por ciento de la población católica de la diócesis y son el sector de más rápido crecimiento en la Iglesia en los Estados Unidos, la atención pastoral hacia ellos será una prioridad, dijo el obispo Soto. Pero espera trabajar muy de cerca con los feligreses de todas las comunidades étnicas y “animarlos a comprometerse unos con otros dentro de la Iglesia y a reconocer sus respectivos talentos, porque somos más fuertes cuando trabajamos juntos”.

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