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Dos salvadoreños comparten testimonio de transformación

Los amigos Ramiro Castro y Nelson Rivera están unidos por su fe, ya que antes estaban en bandos opuestos. Foto: José Luis Aguirre

“El amor de Dios todo lo puede y este es un buen ejemplo para que paren los odios, las guerras, pues todos somos iguales, somos hijos de Dios”, Nelson Rivera

Por José Luis Aguirre
El Heraldo Católico

Si Ramiro Castro se hubiera encontrado con Nelson Rivera hace 25 años, alguno de los dos hubiera muerto, o posiblemente los dos.

Ambos pertenecían a bandos contrarios durante la guerra de El Salvador. Ramiro formaba parte del ejército y Nelson de la entonces guerrilla del FMLN (Farabundo Martí para la Liberación Nacional); pero hoy son muy buenos amigos, gracias al grupo de oración de la parroquia de Monte Carmel, en Redwood City.

“Nos conocimos en la iglesia hace cuatro años, pero ninguno de los dos sabía qué había hecho el otro en El Salvador, hasta que una vez Nelson dio su testimonio”, dijo Ramiro Castro.

“Es increíble pensar que el abrazo que hoy nos damos como hermanos, hubiera significado la muerte hace algunos años”, comentó Rivera, quien recuerda que entró a la guerrilla desde muy joven para vengar la muerte de su padre por parte de un grupo militar.

“Mi papá era un hombre muy bueno, no se metía con nadie, pero un día el ejército lo sacó de la casa y lo mató porque buscaban a unos primos y vecinos que sí pertenecían a la guerrilla”, afirmó Rivera.

Desde ese día empuñó las armas, se sometió a largas caminatas y a duras pruebas para poder sobrevivir en el monte. Le enseñaron a no tener miedo y a convertirse en un verdadero francotirador.

Sin embargo, todo cambió el día en que tenía en la mira de su fusil a un capitán del ejército y no le pudo disparar.

“De repente un aire frío me tocó y vi a mi padre vestido muy elegante como si fuera un rey; una voz me dijo que si lo mataba de nada serviría clamar la gloria de Dios” recuerda claramente Rivera.

En ese momento se acabó la motivación que tenía Nelson Rivera de pertenecer a la guerrilla. Unos años más tarde decidió dejar ese camino para acercarse más a la iglesia a través de la renovación carismática. Ramiro por su parte, después de pasar 10 años en el ejército recibiendo y cumpliendo órdenes, pidió la baja y emigró a los Estados Unidos, en donde también se acercó más al Señor.

Tanto Nelson como Ramiro coinciden en que gracias a que conocieron a Dios pudieron dejar el odio y el resentimiento atrás.

“Hoy nos abrazamos por una misma causa, por una misma fe”, dice Ramiro.

“El amor de Dios todo lo puede y este es un buen ejemplo para que paren los odios, las guerras, pues todos somos iguales, somos hijos de Dios”, agrega Rivera.

Por ahora, los dos salvadoreños continúan asistiendo al mismo grupo de oración de la parroquia de Monte Carmel con el sueño de algún día convertirse en predicadores.

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