| Encuesta sobre violencia en las calles propone más conexiones en la comunidad y en las familias | ![]() |
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La
violencia en sus comunidades ha obligado a los residentes de Richmond
a unirse en oración para decir no más muertes. En marzo
de este año realizaron un evento para pedir |
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Por Jacqueline Gilvard
Landry Casi todos los jóvenes de las escuelas intermedias de Richmond que participaron en un estudio de la violencia realizado en abril reportaron haber visto un tiroteo, conocer a una víctima de un tiroteo o a alguien que haya sido baleado en los últimos 18 meses; mientras que los jóvenes de Oakland dijeron que evitaban ir a los parques, tiendas de la esquina o teatros por temor a ser asaltados o baleados. Caridades Católicas del Este de la Bahía (CCEB) comisionó el estudio para “obtener una guía práctica” sobre prevención de la violencia juvenil y ayudar a mejorar sus programas, dijo Michael Radding, director de programas de CCEB. Plantean necesidades Valerie Edwards, trabajadora social de la Universidad de California en Berkeley y autora del estudio, encontró que a los jóvenes les gustaría tener más seguridad y actividades divertidas para hacer, así como una conexión más fuerte con sus padres. “Todos los caminos comienzan y terminan con el tema de la violencia”, comentó Edwards. Sin primero analizar la violencia “no podemos evaluar nada más, la familia, la escuela u otros problemas como depresión o aislamiento”. “Es muy claro que ya se ha puesto mucha atención al tema de la violencia”, afirmó la trabajadora social. Pero muy poco interés se ha puesto en el grupo que ella se enfoca, jóvenes de 10 a 17 años de bajos ingresos que están en alto riesgo de caer en drogas o pandillas, así como proveedores de servicio y educadores. Confiesan temores La violencia en las comunidades interfiere en todos los aspectos de la vida de los jóvenes, según reveló el estudio. La mayoría del tiempo, los jóvenes sienten temor de salir a la calle y aún de asistir a los centros juveniles por la violencia y porque no confían en la policía. De acuerdo con Edwards, los adolescentes también temen por la seguridad de sus padres y otros miembros de la familia; de pronto porque “lo que quieren es pasar tiempo junto a ellos y tener más actividades recreativas con sus primogénitos”, aseguró. El estudio también señaló que el énfasis en la comunidad se ha debilitado debido a factores como la tecnología y la violencia en los barrios y que los servicios comunitarios no son utilizados ni por los jóvenes ni por los adultos. Según la investigación muchos residentes se sienten avergonzados de vivir en Richmond y Oakland. El comentario más positivo sobre Richmond, tanto de los padres como de los jóvenes, es que tiene “buen clima”, indica el reporte. Una preocupación final, al menos para los padres de familia y proveedores de servicio, es la tensión interpersonal e intercultural existente entre jóvenes latinos y afroamericanos, creada posiblemente por el aumento de la población hispana y la disminución de afroamericanos en Oakland y Richmond, según Edwards quien está sorprendida de que los jóvenes no mencionaran este problema. Proponen acciones La encuesta se realizó a 202 participantes de los cuales más del 90 por ciento son jóvenes que viven cerca al corredor de la autopista 880 en Oakland y Richmond. El estudio encontró que los padres de familia y los proveedores de servicio están preocupados por el conflicto ente jóvenes latinos y afroamericanos; aunque los muchachos no expresaron esa preocupación. Edwards recomendó que CCEB realice actividades junto a proveedores de servicio existentes para que todos los miembros de la comunidad se conozcan y se apoyen mutuamente; que se cree un espacio de reunión, recreación y educación. La trabajadora social también le pidió a CCEB crear un programa mentor y que incluya en sus otros servicios la filosofía de “justicia restaurativa” que le hace frente al crimen como un problema comunitario en lugar de un hecho contra el estado, dijo. Otra sugerencia es que CCEB trabaje en el mejoramiento de la relación entre los residentes realizando eventos como noche de familias, fiestas de barrio, embellecimiento de los jardines de la comunidad para que de esta forma las personas se sientan orgullosas de su barrio. La encuesta también reveló que los padres de familias desean tener más actividades gratis o a bajo costo que les permita compartir con sus hijos en un ambiente seguro y con facilidad de transporte. Edwards dijo que CCEB no puede tener su propio centro actualmente, pero que sí puede ofrecer servicios con la colaboración de los centros juveniles ya existentes. “Todos estos sitios deberían abrir sus puertas en las noches y los fines de semana; deberían ofrecer apoyo educativo además de las actividades de entretenimiento”, agregó. También podrían convertirse en centros de crisis y apoyo familiar, sugirió Edwards. “La clave de cualquier servicio es que esté disponible en el momento en que se necesita”, comentó. Otra sugerencia hecha por la trabajadora social es que CCEB se una a las escuelas del oeste de Oakland y a las organizaciones comunitarias de Richmond para que fomenten “círculos de conversación” intercultural entre padres latinos y afroamericanos así como con sus hijos. Michael Radding dijo que desea implementar estas recomendaciones lo más pronto posible. “Espero en los próximos meses decidir los barrios en los que debemos concentrarnos y qué medidas debemos tomar”, dijo. “No queremos que este sea un reporte que se quede en el olvido”, concluyó. |
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