| Familia acepta con fe difícil prueba | ![]() |
|
Josefa
y Martín González cargan a su hija Eliana a las afueras
de la parroquia Inmaculada Concepción |
|
|
Por Luis Gris Elizarrarás Cuando Eliana, la hija de Josefa y Martín González, nació los médicos sólo le daban dos horas de vida. Cinco meses después de la llegada de su bebita, los González continúan creciendo espiritualmente gracias a la fortaleza que les ha traído su fe. “Cuando nació, su cerebro estaba fuera de su cabecita y los doctores nos decían que ya nos podíamos ir a nuestra casa porque no había nada que hacer”, comparte el señor González. Desde el principio del embarazo, los González, quienes asistían a la parroquia Santo Rosario, Sacramento, sabían que la hija que esperaban tenía la enfermedad encefalocele, un defecto de nacimiento en el que el cerebro, su revestimiento y su líquido protector quedan fuera del cráneo. Sin rendirse El matrimonio pidió otra alternativa y les dijeron que tenían que operarla, pero que no había ninguna seguridad que viviría. Después de cuatro horas de nacida Eliana fue intervenida quirúrgicamente. Parte de su tejido craneal fue utilizado para cerrar la cavidad. “Todo parecía tan confuso, las enfermeras entraban al cuarto, la niña estaba conectada a un tanque de oxígeno y el doctor no nos daba esperanza de vida. Nos dijeron que pensáramos a quien íbamos a donar sus órganos, y nos recomendaron que habláramos con un sacerdote”, comparte la señora González. Quien acudió fue monseñor Edward Kavanagh, párroco emérito de la iglesia Santa Rosa, en Sacramento. “El padre al vernos nos reconoció, bautizó a la niña y nos dijo que nos pusiéramos en las manos de Dios, porque Él es el dueño de la vida”, recalca el señor González. Mientras tanto, todos los amigos y conocidos de los González en el grupo de oración de su parroquia oraban por ellos. “Todos sabíamos en el grupo de oración que Josefa tenía un embarazo de alto riesgo, pero ellos se veían confiados,” dice Rebeca Quintero, feligresa de Santa Rosa e integrante del grupo de oración de la parroquia. “Recuerdo que Martín dijo cuando estaba su hija en el hospital que ellos saldrían con su hija viva, y así fue”, comenta Quintero, quien ha conocido a la pareja por nueve años. Cuando salieron del hospital toda la familia González hizo su primera parada en la rectoría de la iglesia Santa Rosa para dar gracias a monseñor Kavanagh por interceder por ellos en lo que ellos llaman es un milagro. “Se me hizo muy lindo que el primer lugar al que pasaran fuera a su parroquia”, dijo Angélica Raimundo, secretaria de Santa Rosa. El señor González tiene un sobrino con Síndrome de Down, y dice que por algo Dios les ha puesto estas pruebas. Su hermana Blanca González agrega que “Dios ha tenido confianza en nuestras familias, por eso nos ha mandado a estos angelitos para que los cuidemos”. Los González tuvieron que mudarse a Arizona por cuestiones económicas, ya que la mamá es la que atiende a sus cinco hijos y el papá, como labora en la construcción, no había tenido mucho trabajo. Por fortuna la niña tiene una salud estable. Eliana parece estarse desarrollando sin complicaciones. La niña ni siquiera ha necesitado usar el tanque de oxígeno que les dieron al salir del hospital. El cuidado es como el de cualquier niño y los padres tratan de mantener su casa más limpia de lo normal para que no contraiga alguna enfermedad, y son muy cuidadosos en la alimentación de la pequeña. Yolanda Anaya, integrante del grupo de oración y de la iglesia Santa Rosa asegura que si los González no tuvieran una fe cimentada en Dios no hubieran pasado estas duras pruebas. “Su fe los fortaleció para los duros momentos que pasarán y para ver que hoy lo que les pasó lo vean como que fue un regalo de Dios”, afirma Blanca González. |
|
| Copyright © 2006
Diócesis de Sacramento - derechos reservados |