| Talleres ayudan a fortalecer la fe y la esperanza | ![]() |
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Margarita
y Francisco Toledo dirigen la lectura de la Biblia durante los Talleres
de Oración y Vida (TOV) en la parroquia Santa Rosa de Lima, Roseville. |
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Cientos de feligreses se sienten más cerca de Dios al aprender a orar Por Luis Gris Elizarrarás Pilar Contreras está orando diariamente gracias a los Talleres de Oración y Vida (TOV) que está cursando en la parroquia de Santa Rosa de Lima en Roseville. Contreras llegó de México con sus hijos hace 20 años a los Estados Unidos. El esfuerzo de educar sola a sus hijos la llenó de muchas satisfacciones, pero advierte que tuvo que tener un carácter “como de un soldado”. Contreras, quien ahora es abuela, dice que hoy su vida ha cambiado porque en los TOV ha encontrado paz interior. “En el pasado yo pensaba que el que me la hacía, me la pagaba. Ahora le dejo todo a Dios en sus manos y le pido que me guíe para que resuelva las cosas lo mejor posible”. Ella afirma que el orar le ha abierto la oportunidad de dejar rencores del pasado. Ahora se pude comunicar más fácilmente con sus hijos y disfruta la vida aún en tiempos difíciles. “Este año por la crisis económica mis hijos no pudieron estar conmigo en mi cumpleaños, pero le di gracias a Dios por un año más de vida y me sentí tan feliz por gozar de mucha paz”, afirma Contreras. Los TOV se ofrecen a laicos con deseo de crecer y fortalecer su relación con Dios por medio de la oración. Su fundador es el padre capuchino Ignacio Larrañaga, quien nació en España y desde 1959 radica en Chile. El padre Larrañaga a trabajado desde 1974 en 34 países llevando la Buena Nueva por medio de talleres sobre la oración. En 1997 la Santa Sede aprobó los TOV que están activos en África, Asia, Europa, Australia, y en varios países del continente Americano. Estructura de los talleres Los talleres son semanales y constan de 15 sesiones, cada una de dos horas. El promedio es de 15 a 20 participantes. Los talleres son ofrecidos por un guía cuya misión es poner en práctica la espiritualidad, metodología y pedagogía de TOV. El eje central de cada sesión está basado en la Santa Biblia. Se les presenta a los estudiantes textos del Antiguo y Nuevo Testamento. Los estudiantes deben seguir orando durante la semana por cuatro meses. “Las personas comienzan a orar primero en la forma más sencilla que es leyendo rezos u oraciones, después lo hace por medio de visualizaciones, que es ver imágenes. Y paulatinamente llegan a la contemplación que se fortalece con el silencio”, comparte Martha Garduño. Garduño hace nueve años vivió la experiencia de los TOV y quiso que se realizaran en Sacramento. Con la ayuda de laicos de Los Ángeles se iniciaron en la parroquia de San Carlos Borromeo en Sacramento. Los TOV han ayudado a más de 1,500 personas a llevar una vida en que la oración forma parte de su fe, además de ir a misa y tener una misión dentro de la Iglesia. Garduño por ahora se encuentra enferma de los pulmones, lo que ha disminuido su entrega en TOV, pero dice que gracias a la oración ha podido soportar los dolores y molestias que le trae estar enferma. Los TOV tienen objetivos específicos. No forman grupos de oración al final sino que los participantes continúan sirviendo en el ministerio que ya estaban dando en su parroquia. Los talleres de hecho están abiertos para catequistas, agentes de pastoral, laicos comprometidos en los Movimientos de la Iglesia, para personas alejadas de la fe, los que no pueden recibir los sacramentos, y evangélicos de diversas denominaciones. Beneficios palpables Rosario Alcalá, coordinadora de TOV, es feligresa de la parroquia de San Pedro en Sacramento, y expresa que para ella los talleres la han favorecido en su vida diaria. “Me han ayudado espiritualmente cuando he tenido que pasar por momentos difíciles como madre, esposa y abuela”. La nieta de Alcalá nació con un problema físico, por lo que solo vivió año y medio. “Fue gracias a los Talleres de Oración y Vida que me dieron la fortaleza en los momentos difíciles”, recalca Alcalá. En eso está de acuerdo Margarita Toledo, quien a pesar de siempre estar activa en su fe, al vivir la pérdida de su mamá se sintió traicionada por Dios. Sin embargo, después de un retiro decidió que quería colaborar más en obras de servicio en su iglesia. Cuando le pidieron a ella y a su esposo que sirvieran de guías en TOV, no dudó en tomar la responsabilidad. “Lo que ha mí me ha ayudado mucho son los momentos de silencio en el que apago todos los sensores y me alejan del ruido cotidiano para poner mi máxima atención con Dios y de una manera sencilla comunicarme con Él y que Él se comunique conmigo”, afirma Toledo. |
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