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Obispo listo para nueva fase de su ministerio

En una visita pastoral, el obispo Weigand bendice a una familia de inmigrantes ubicados en Dixon,
en marzo de 2004.

Foto: Luis Gris Elizarrrarás

Se espera que el 30 de noviembre el Papa Benedicto XVI acepte la renuncia del Obispo William K. Weigand, quien cederá las riendas del liderazgo al Obispo Jaime Soto. El Catholic Herald se sentó con el obispo en su casa de Sacramento para rememorar y discutir sus 15 años al mando en esta diócesis y para hablar de su vida en momentos en se prepara para el retiro y para otras formas de ministerio. A continuación publicamos extractos de la entrevista realizada el 19 de septiembre con la editora Julie Sly.

P: En septiembre usted anunció que le había pedido al Papa Benedicto XVI permiso para retirarse el 30 de noviembre. ¿Se siente ya listo para hacerlo?

R: Sí y no. Sí, estoy listo en el sentido de que quiero dedicar más tiempo a la oración y a convivir con la gente, sin estar tan recargado de proyectos, problemas y tareas administrativas. Aunque la operación (transplante de hígado) fue efectiva y mi hígado está funcionando muy bien, las medicinas tienen su impacto, además del impacto de la edad que también me está afectando. Trato de ocultarlo, pero mi artritis se está volviendo muy molesta en mis manos y espalda. Y la energía se me agota. Es claro que en las tardes ya no funciono como solía, por lo que en el último año he venido limitando mis citas de trabajo en las tardes a muy pocas cosas.

Lo que probablemente precipitó mi decisión fue el nombramiento del Obispo Ricardo García como Obispo de Monterrey, después de lo cual decidí solicitar un obispo coadjutor en vez de un obispo auxiliar. Así que luego de que el Obispo Soto fue nombrado coadjutor en octubre del 2007, entendí que simplemente sería injusto quedarme mucho más de un año, algo que sabía desde que solicité un obispo coadjutor.

Cuando digo no, tengo algunas ideas de viajar y tocar base con gente y antiguas relaciones y en verdad tengo ganas de ello. Quisiera escribir un poco, algunas reflexiones, pero no estoy seguro qué forma tomaría esto. No precisamente memorias, pero probablemente algo donde se intersecten la vida activa y la contemplativa.

Aún hay un elemento de miedo a lo desconocido, pues evidentemente nunca he hecho esto antes. Tengo mi remolque Airstream para viajar, pero no voy a vivir en él. Cómo irán las cosas, simplemente no lo sé. Tengo bastante para mantenerme plenamente activo durante varios meses.

P: Recién llegado a la diócesis, en su homilía de instalación usted dijo que pretendía afirmar y servir a todos los sectores de la iglesia local, en especial a las minorías y a las comunidades étnicas, y ayudar a los católicos locales –tanto tradicionales como progresistas-- a comprender las enseñanzas de la Iglesia. Siempre se ha dicho que se considera un “centrista”. ¿Cómo piensa que le ha ido en aplicar estas constantes a su ministerio en la diócesis?

R: Creo que todos y cada uno de los obispos tratan de hacer lo mismo, servir a la gente, afirmarlos y hacer que saquen lo mejor de sí mismos.

Parte del crecimiento fue inicialmente en la ciudad de Sacramento, donde había misas en español en las parroquias de Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Rosa y San Pedro, pero no era nada comparado con lo que tenemos ahora en términos de misas en español. Poco después de mi arribo los católicos coreanos, que tenían su misa en coreano en una de las iglesias locales, a medida que sus números crecieron tomaron la iniciativa de construir una iglesia nueva, para lo cual los ayudamos con el terreno. Eso mismo había sucedido con la comunidad polaca antes de mi llegada.

Ahora tenemos una importante comunidad de la India con una misa regular, y está la presencia de los católicos nigerianos. La gente necesita unificarse y así nos lo hacen saber, gracias a Dios. Así que ha habido bastante en este sentido, para lo cual hemos cooperado y facilitado. También hemos tenido un gran crecimiento de nuestra comunidad católica filipina, con sus propios dones y necesidades, las cuales me tomó algunos años conocer, dado que no había tenido mucho contacto previamente con esta comunidad.

En forma visible o no, todo el tiempo he tenido programas de apoyo a los pobres. Ha sido en mi un interés permanente y parte de mis convicciones. Siempre he tratado de apoyar la expansión de programas de ayuda a los pobres.

P: La comunidad católica de la diócesis es muy diversa. En su homilía de instalación usted dijo que “la Iglesia tiene enseñanzas claras y autorizadas, que no cambian para adaptarse a los altibajos de la opinión pública”. ¿Qué impacto ha tenido esta convicción en su ministerio?

R: Eso es cierto y no es nada nuevo. Todo obispo tiene que establecerlo y tratar de desarrollar una relación con la gente, tenga o no una buena posición al respecto, pero al mismo tiempo debe distinguir no solo entre blanco y negro, sino entre los diferentes tonos de gris. Tenemos enseñanzas claras y también una idea clara de lo que sería lo ideal o lo más santo. Pero es difícil saber cuánta gente vive en ese nivel óptimo.

P: Algunos católicos han pensado que usted es muy conservador, mientras otros han dicho que es muy liberal. ¿Cómo se concibe usted mismo?

R: Esto es parte de la diversidad en la que vivimos. Que la gente pensara que era conservador fue un poco desconcertante para mi en los primeros años, porque en Salt Lake City se me veía como un progresista. Lo que con frecuencia se llama polarización dentro de la Iglesia, es mucho más pronunciada aquí que en Utha. El norte de California es más diverso.

Especialmente a partir del 2000, y el inicio del proceso del sínodo diocesano que me permitió escuchar a la gente desde las bases, fue cada vez más claro que gente de todo tipo coincidía en que deberíamos enfocarnos más en la enseñanza de la fe y en su transmisión, así como en tratar de recuperar el tiempo perdido en términos de claridad. Yo creo que probablemente a eso se debe que actualmente casi nadie ve el catecismo como algo restrictivo. Uno puede encontrar puntos de vista bastante progresistas en el catecismo, así que es muy buen recurso.

P: ¿Cuáles son las decisiones más duras que ha tenido que tomar como obispo?

R: En mis años en Sacramento, a diferencia quizás de los años anteriores, la experiencia me ha ayudado. Por lo general, mi forma de ser es que difícilmente miro hacia atrás y me arrepiento de algo. Quizá es la influencia de mis antecedentes presbiterianos por el lado de mi madre. Simplemente cumplo mi deber, hago lo que tengo que hacer, y lo hago lo mejor que puedo —consulto y hago mis oraciones— y mi decisión es lo que es. Así que las decisiones con consecuencias significativas —buenas o malas— nunca han sido para mí terriblemente difíciles.

Las más difíciles han sido las relacionadas con la crisis de abuso sexual clerical y enfrentar todas sus consecuencias relacionadas. Desde antes de la crisis yo estaba abordando el problema en algunas formas, pero más en el sentido de evitar que sucediera el abuso sexual. Cuando la crisis se empezó a dirimir en los tribunales y en arreglos entre las partes, pasando al escrutinio público, fue muy difícil. Aunque fuera solo hablar del asunto era muy desagradable. Tuvimos que admitir que también los sacerdotes son muy humanos y algunas veces cometen graves errores, incluso sexuales, y en una forma predatoria.

El problema como se fue descubriendo gradualmente era mayor que lo que cualquiera de nosotros hubiera imaginado, incluso a mediados de los 1980s, cuando ya estábamos tratando de implementar políticas al respecto. Había en todo ello algo terriblemente decepcionante, en un sector de la Iglesia y de la sociedad del que simplemente se esperaría algo mejor. Asimismo, fue muy difícil establecer el proceso de mediación de $35 millones ordenado por la corte. Sabiendo todo lo que la Iglesia podía hacer con ese dinero, y tener que gastarlo de esa forma por culpa de unas pocas personas que acosaron y victimizaron a otras, fue algo muy duro.

Uno de mis momentos más difíciles fueron los recortes de personal diocesano, porque sabíamos que eso se traducía en reducir servicios y además significaba que habría algunos despidos. Es como desconocer a alguien como miembro de tu familia. También tener que tomar decisiones respecto a algunos empleados de la Iglesia, particularmente sacerdotes, fue difícil, especialmente en el caso de algunos sacerdotes muy efectivos que tuvieron que abandonar el ministerio por diversas razones.

Decidir la clausura de escuelas y parroquias, o la reducción de algunas escuelas o misiones, ha sido algo obviamente difícil. Quizás no porque alguna de estas decisiones me hiciera perder el sueño o deprimirme, sino porque afectan a tanta gente. Creo que el Señor me dio una especie de piel gruesa.

P: A través de los años se han dado algunas controversias, sobre cosas como su manejo de la crisis de abuso sexual clerical o sus críticas al Gobernador Gray Davis sobre su posición respecto del aborto.

R: No lo hice con el fin de iniciar una controversia. De hecho, en lo que respecta a mi temperamento, sería lo último que haría. Soy demasiado tímido para hacer algo así. Se hizo más alboroto del que yo esperaba, pero yo no lo hice con ese objetivo y francamente no me molestó, en el sentido de que yo solo intentaba decir lo que es nuestra posición católica y cómo debe actuar un católico. Yo no me imaginaba en aquel momento que el punto sería debatido hasta hoy día, incluso a nivel nacional, al decir que alguien en la posición de Gray Davis debía tener la integridad para abstenerse de recibir la comunión. Eso todavía puede debatirse. Lo que yo le dije es que la decisión era suya. Jamás hubiera pensado en decirle que le negaría la comunión.

Ciertamente yo no deseaba la controversia sobre el abuso sexual clerical, ni la reciente controversia sobre la clausura de la Preparatoria Bishop Quinn o la Escuela Inmaculada Concepción hace algunos años, ni ninguna controversia de este tipo. Es una cuestión de tener que enfrentar ciertas realidades, que algunas veces se vuelven controvertidas.

Nunca he dudado en hacer lo que he tenido que hacer, ni por ser demasiado tímido ni porque vaya a tener algún tipo de repercusión en el foro público.

P: ¿Piensa que la iglesia local ha hecho los esfuerzos suficientes para llegar y ayudar a la creciente población de inmigrantes, así como para impulsar la diversidad en los cuerpos consultivos de la diócesis?

R: Creo que en eso hemos hecho mucho y se debe continuar. Cuando llegué casi no había mujeres en posiciones de liderazgo en los cuerpos consultivos y comisiones de nuestra diócesis. Recuerdo que cuando me preparaba para mi primera reunión del Consejo Diocesano de Finanzas me enteré de que en él no había ni una sola mujer, y pensé qué tan rezagado de los tiempos estaba aquello.

No hubo resistencia; era simplemente que nunca se había hecho. Tampoco teníamos suficiente diversidad étnica en nuestro personal diocesano antes de mi llegada, pero esto ha cambiado desde hace años. Así que se ha dado un crecimiento permanente que debe continuar. A nadie se le ocurriría actualmente que esto pudiera ser de otra manera. Por el tipo de personal que tenemos y los procedimientos que empleamos, no hay manera de retroceder en ello o en la compleja red de nuestros consejos y comités.

Tampoco podemos olvidar qué tan diversas son nuestras comunidades religiosas en esta diócesis, muchas de las cuales también son inmigrantes. Tenemos religiosos de Filipinas, México, África, India, Perú, Vietnam y otros países, que nos están sirviendo muy bien en esta diócesis tan diversa.


P: ¿Qué hará durante su retiro? ¿Le ayudará al Obispo Soto?

R: Le ayudaré en las confirmaciones, por supuesto. Ya me comprometí a llevar a cabo 25 ceremonias de confirmación durante la próxima Pascua. Y le ayudaré en cualquier función que pueda si él me lo pide; si estoy disponible será un placer ayudarle. También necesitaré tales ocasiones para salirme un poco de mi retiro. Después del primer año, espero asistir a los cursos de estudio para sacerdotes y a diferentes eventos que me ayuden a mantenerme conectado.

Puedo verme ayudando en parroquias o durante las vacaciones de algún párroco, si es necesario. En muchas partes de la diócesis hay muchas cosas que podría hacer por iniciativa propia. Estoy dejando la puerta abierta a diferentes opciones.

Espero ser de ayuda para la gente y continuaré haciendo cosas en evangelización y ecumenismo que como obispo no he tenido el tiempo de hacer, respondiendo a las necesidades que haya. He sido obispo durante 28 años, así que me tomará algún tiempo ajustarme a un rol diferente.

P: ¿Qué mensaje quiere enviarle a la gente de la diócesis en los momentos en que se retira e ingresa a una nueva fase de su ministerio?

R: Invito a la gente y espero que trabajen en forma colaborativa y respetuosa con el Obispo Soto, como lo han hecho conmigo. Estos han sido muy buenos años. Algunos han sido difíciles, pero en su mayor parte muy emocionantes y de mucho compromiso con la gente. Y eso me ha dado mucha energía.

El reto cuando yo llegué a Sacramento era la evangelización. Y ese sigue siendo el reto para la Iglesia y para esta diócesis. Siempre habrá quién necesite escuchar y re-escuchar el Evangelio y aprender quién es en verdad Dios, cuál es su plan para nosotros y cómo compartirlo con los demás.

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