| Jesuitas buscan comprensión de inmigración con proyecto en frontera | ![]() |
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Leoba
Marcos, quien intentó entrar a Estados Unidos ilegalmente con su
familia en enero, se para con sus dos niños afuera de un refugio
para deportados operado por la iglesia en Nogales, México, el 18
de enero. El refugio es parte de la Iniciativa Fronteriza de Kino binacional
de los jesuitas. |
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Por J.D. Long-García
Catholic News Service NOGALES, México (CNS) -Cuando Leoba Marcos cruzó el desierto sonorense anteriormente este año, ella no sabía qué esperar. Ella hizo su camino a principios de enero con un grupo de unos 20, incluyendo su esposo, su hijo de 13 años de edad y su hija de 3. Era la segunda vez que Marcos había cruzado ilegalmente la frontera estadounidense-mexicana. Esta vez ella cruzó vía Sonoita, pueblo mexicano fronterizo al sur de Lukeville, Arizona. El grupo, liderado por un contrabandista, había caminado durante unas seis horas antes que agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos lo arrestara. “Ellos estaban escondidos”, dijo Marcos, sacudiendo su cabeza. “No dijimos nada ni corrimos. Ellos simplemente nos llevaron a un centro de detención”. Marcos y sus niños fueron deportados a Nogales, pero su esposo fue deportado a Mexicali, a una distancia de más de cinco horas conduciendo. Mientras esperaba por su esposo, Marcos y sus niños encontraron alojamiento en un refugio para mujeres y niños deportados operado por las Hermanas Misioneras de la Eucaristía. Las hermanas son parte de la Iniciativa Fronteriza de Kino, esfuerzo binacional dirigido por la provincia de California de la Sociedad de Jesús. El esfuerzo conjunto proveerá personal para un centro para emigrantes deportados, servirá como punto de contacto para organizaciones humanitarias que trabajan en la frontera y educará la comunidad sobre asuntos de inmigración. La Iniciativa Fronteriza de Kino trabajará estrechamente con los obispos de la Diócesis de Tucson y de la Arquidiócesis de Hermosillo en México, así como con el Servicio Jesuita a Refugiados. “Los jesuitas estamos comprometidos con el pobre, el inmigrante, el desposeído”, dijo el padre jesuita John McGarry, provincial de California. “El comienzo de este nuevo ministerio y servicio a la iglesia y a la gente en necesidad es una señal concreta de ese compromiso”. La iniciativa estudiará la inmigración en la frontera y documentará las historias de los emigrantes desde su viaje hasta la frontera hasta su captura por la Patrulla Fronteriza. Araceli Wedington intentó entrar ilegalmente a Estados Unidos cuando tenía ocho meses de embarazada. Ella intentaba regresar a su familia en Kansas. Dos de sus niños viven allí con su esposo, ciudadano estadounidense. Wedington recibió inesperadamente documentos de divorcio mientras estaba en México y apresuró su regreso. Ella cruzó sola. Cuando ella encontraba un grupo, primero se escondía y entonces lo seguía a distancia. Wedington, quien originalmente cruzó en Tijuana hace cinco años, sabía que a muchos de los que cruzan la frontera les roban y muchas mujeres son asaltadas sexualmente. En un punto en el viaje Wedington se cayó y, temiendo que iba a entrar en parto, se sentó cerca de una carretera y esperó que la Patrulla Fronteriza la encontrara. Ella fue llevada al hospital, pero deportada antes de tener el bebé. “Yo quería estar (en Kansas), pero ellos no aceptaron mi historia”, dijo ella sobre los agentes de la Patrulla Fronteriza. “Yo quería hablar con mi esposo, pero no me creyeron”. Wedington se encaminó al refugio de mujeres de las hermanas en Nogales y eventualmente dió a luz un bebé varón saludable, Víctor Emmanuel.
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